CASA DE ÁLVAREZ Y LOS PÁJAROS FRITOS

Decía el periodista Mariano de Cavia, a principios del siglo XX, que la plaza de Santa Ana (antes del Príncipe y de Topete) podía cambiar perfectamente su nombre por el de plaza de la Cerveza. En ella se situó el primer establecimiento de Madrid que introdujo el uso de esta bebida.

Aquellos eran tiempos en los que se pedía un bock doble o chico, en lugar de una caña, en los numerosos bares que instalaban sus correspondientes terrazas en esa plaza hoy poco ajardinada, obstaculizando así el paso y el juego de los niños, motivos que originaban frecuentes discusiones.

La muy antigua calle del Príncipe remata por el este a dicha plaza de Santa Ana y en su número 27 (antes nº 33) vino a instalarse Casa de Álvarez, que en el año 1924 era la más añeja de las cervecerías de Madrid.


Fotografía de Antonio Passaporte "Loty" mcu.es (entre 1927 y 1936). Casa Álvarez, en la esquina inferior derecha, junto al Teatro Español.

El local, situado en la esquina de las calles del Príncipe y del Prado, parece que siempre estuvo dedicado a la actividad hostelera ya que, desde el año 1880, ocuparon su espacio: el Café Continental y una tienda de vinos; en 1895 allí se situaba el Café de Conde, y un año más tarde Joaquín Álvarez abriría una pequeña taberna.

El negocio de Álvarez tuvo mejor acogida que su vecino café por lo que, en 1902, el local entero pasaría a ser la empresa de Álvarez e hijos, ofertando productos de pastelería y vinos además de un restaurant, añadido poco tiempo después. Pero el plato estrella de la casa, por lo que fue conocida en todo Madrid, era la venta de pájaros fritos.


Fuente: prensahistorica.mcu.es (1933). Un niño trabajador sostiene una bandeja de pájaros fritos.

Los transeúntes se detenían ante el escaparate de Álvarez, calle del Príncipe, esquina a la del Prado. En un gran lebrillo, colocado en medio, admira el pueblo una verdadera montaña de pájaros fritos, manjar muy madrileño. Podrá haber doscientas docenas por la mañana. Al dar las once de la noche ya no hay ninguno. Madrid devora pájaros. Todas las clases sociales acuden al establecimiento aquel a comprarlos. Ricos y pobres son aficionadísimos a comerlos.

Parece que la degustación de los pájaros fritos era habitual en las tabernas, a mediados del siglo XIX. Alondras, vencejos, gorriones, ruiseñores o jilgueros eran cazados en las inmediaciones de Madrid o traídos desde Extremadura y, sin ningún control sanitario, se ofertaban por quince, veinte o treinta céntimos de peseta, la unidad, como aperitivo o en raciones. El éxito del producto originó que cada vez más bares los incluyeran entre sus platos, hasta el punto de contabilizar la cantidad de medio millón de aves apresadas anualmente.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1916). 

Numerosas voces se alzaban en contra de la caza y venta de los pájaros, debido al daño medioambiental que ello provocaba, durante los primeros años del siglo anterior. Pero ningún Gobierno ni ministro de Agricultura ponía freno a tan devastadora costumbre.

No sería hasta la década de los años diez el momento en que Ayuntamiento de Madrid intentó prohibir la venta de pájaros fritos y la entrada de ellos muertos en la ciudad, mientras que algunos concejales defendían el derecho de los taberneros.

Por fin, una Real Orden de 1924, dispuso adoptar la mayor severidad en la persecución y castigo de los cazadores de pájaros insectívoros, su circulación e introducción en las poblaciones y la venta de ellos en los establecimientos. Los infractores serían castigados con multas de entre 100 y 500 pesetas (cantidades exorbitantes en aquellos tiempos).

Las opiniones manifestadas por detractores y partidarios del consumo de estas viandas siempre se enfrentaban. Se aducía que los pájaros eran beneficiosos para el campo, que sus trinos amenizaban los paseos y que hacerlos desaparecer contribuía a la proliferación de plagas. En contra, se alegaba que las aves perjudicaban los sembrados al comer las semillas y los granos o molestaban con sus excrementos. ¿Por qué han de inspirar mayor compasión que los conejos, las perdices o los patos?

Muchas fueron las disposiciones, legislaciones y bandos que se dictaron contra la caza y venta de pájaros a lo largo de los años. A pesar de ello el consumo proseguiría en tabernas y bares madrileños, con total impunidad, aún durante los años setenta del siglo pasado.


Las últimas noticias encontradas sobre Casa Álvarez (que se convertiría en Cervecería Álvarez en 1931) datan de la década de los años sesenta.


Fuente: Fotografía izquierda, archivo Ruiz Vernacci, mcu.es (años 30). Fotografía derecha, M.R.Giménez (2022). El local de Casa Álvarez, ayer y hoy.

Como curiosidad, añadiremos que el edificio de estilo modernista donde se ubicaba esta cervecería (calle del Príncipe, número 27) mantiene un espléndido portal, cuyas figuras en hierro y bronce fueron diseñadas por Víctor Masriera Vila y realizadas en la fundición Masriera y Campins. El techo de su interior está decorado por el pintor José Francés Agramunt.


Fuentes:

hemerotecadigital.bne.es

mcu.es

prensahistorica.mcu.es


En este blog se puede consultar la historia de la Cervecería El Cocodrilo, que también estuvo situada en la plaza de Santa Ana.

La Cervecería El Cocodrilo y Bagaría (pulsad).

Comentarios

  1. Solo he conocido los pajaritos fritos por los cómics de Ibáñez. O bien donde vivo no se estilaban o para los años de mi infancia (sesenta y setenta) la costumbre se había abandonado. Por lo demás ¿ya tenían aves tan menudas carne suficiente para ser consumidas o eran más huesos que otra cosa? A priori no parece un manjar muy atractivo.

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    1. Los pájaros fritos eran un plato muy barato, propio de tabernas y figones. Era fácil cazarlos con redes o ligas. Lo malo fue cuando se puso de moda...
      En los años 70 aún se vendían en algunos bares del centro de Madrid, es de suponer que ya criados en granjas y con algún control sanitario.
      Como aperitivo debía tener la "chicha" justa.
      Gracias por tu comentario, Conde. Saludos.

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  2. Soy Paloma Álvarez, tataranieta de Joaquín Álvarez. Aún se conservan en la familia jarras de cerveza con tapa y cubiertos de plata del restaurante. Se comenta que existía un pasadizo entre el local y el teatro, y que Alfonso XIII era un cliente habitual. ¡Muchas gracias por el artículo!

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    1. Muchas gracia a ti por la información que aportas y por tu amable comentario, Paloma.
      Un saludo cordial.

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