HOTEL DE ROMA.

La loba capitolina de la Gran Vía de Madrid ha regresado a su lugar sobre el Hotel de Roma. Este edificio fue el primero de la nueva calle en inaugurarse. Proyectado por el arquitecto Eduardo Reynals Toledo en el año 1913, con Felipe de Sala Blanco como director de obra, comenzó su actividad dos años después.

 

Fotografía: M.R.Giménez (2021). La loba capitolina recién instalada sobre el edificio que fue el Hotel de Roma, en la Gran Vía de Madrid.
 

El antecedente de este Hotel de Roma hay que buscarlo mucho antes de comenzar las demoliciones que darían origen a la nueva Gran Vía: en la cercana calle del Caballero de Gracia, muy destacada durante el siglo XIX en Madrid. Cafés, fondas, pastelerías o populares comercios se situaban en ella y aprovechaban el tránsito de quienes asistían al cercano oratorio que le dio su nombre.

En el antiguo número 23 de dicha calle (que hoy correspondería al nº 13, aproximadamente) se encontraba uno de los hoteles más elegantes de la ciudad. El Grand Hôtel de Rome, inaugurado el día 31 de octubre de 1883 por Yotti y Compañía, alojó a lo más granado de la aristocracia europea.

 

Fuente: memoriademadrid.es (1884). Anuncio del Grand Hôtel de Rome, que estuvo situado en la calle del Caballero de Gracia.

Félix Yotti había convertido un antiguo palacete con jardín, en el que antes habían residido los marqueses de Casariego o el conde de la Patilla, en un flamante hotel cómodo, refinado y confortable. Su espacioso comedor, las amplias habitaciones para familias y particulares, los cuartos de baño, salón de lectura y sala de fumar habían sido amuebladas con un lujo desconocido en esta clase de establecimientos. Su esmeradísima cocina y el servicio no dejaban nada que desear, contando además con asistencia de intérpretes en varios idiomas y un ómnibus que lo comunicaba con todas las estaciones de ferrocarril en Madrid.

En 1884, un año después de su apertura, el Grand Hôtel de Rome contaba con luz eléctrica, al mismo tiempo que los teatros de Lara (situado aún en la Corredera Baja de San Pablo), Apolo y Martín, que ya desaparecieron.

Llegó el día 4 de abril de 1910, fecha en que comenzaron las primeras demoliciones para la edificación de la nueva Gran Vía. La calle de San Miguel, donde se situaba la parte trasera del Grand Hôtel de Roma, iba a desaparecer por completo arrastrando con ella a todos sus inmuebles, por lo que se hacía necesario buscar alguna solución para mantener tanto el negocio como esta preciosa construcción de estilo francés.


Fuente: memoriademadrid.es (1912 aprox.). Demoliciones para la construcción de la Gran Vía. Señalado el emplazamiento de la parte trasera del Grand Hôtel de Rome, en la desaparecida calle de San Miguel.

 

Mientras, la empresa de Yotti y Cía. adquirió una de las parcelas de la nueva Gran Vía en construcción, en el tramo denominado entonces avenida del Conde de Peñalver, con el fin de levantar en ella un nuevo hotel.

No hubo forma de salvar de la piqueta al viejo Grand Hôtel de Roma, que fue el último edificio en ser demolido para la construcción de la nueva vía. En el mes de abril de 1914 se vendían en almoneda todos sus muebles y enseres a precios baratísimos y un mes después se ofertaba, a precios muy reducidos, su magnífica fachada de piedra.

Nicolás de Escoriaza Fabró, que poco después sería nombrado vizconde de Escoriaza, adquirió la fachada del antiguo hotel utilizándola para construir su casa-palacio en el ensanche del barrio de Salamanca, donde hoy continúa.


Fotografía: M.R.Giménez (2021). Fachada recuperada por el vizconde de Escoriaza para su palacio, situado en la plaza del Marqués de Salamanca de Madrid.


El nuevo Hotel de Roma de la Gran Vía fue inaugurado el día 3 de octubre de 1915. Sus dueños eran también Yotti y Cía. que habían obtenido el permiso para no demoler su antiguo negocio hasta que el nuevo hotel estuviese activo. 

 

Fuente: mcu.es, archivo Ruiz Vernacci (1915). El Hotel de Roma de la Gran Vía de Madrid, recién inaugurado.

Un espacioso vestíbulo de entrada, de estilo Luis XVI y en donde el pintor Enrique Simonet Lombardo había realizado un fresco reproduciendo una vista de Roma sobre el Tíber, daba la bienvenida a los viajeros. Su techo, cubierto por doble cristal y armadura de hierro, iluminaba la estancia con luz cenital. Próximo al hall se encontraba el magnífico comedor tapizado de rojo. Cocina dotada con los últimos adelantos, bodega, teléfono, ascensor eléctrico de caoba y bronce, montacargas, elegante tocador de señoras y salones estilo imperio, inglés y Luis XVI eran los complementos instalados para satisfacer a su clientela.

 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1915). Vestíbulo del Hotel de Roma, donde se aprecia el fresco de Enrique Simonet.

Por entonces las habitaciones de los hoteles más lujosos no contaban con cuarto de aseo individual. De esta manera, para las ciento treinta y cinco estancias del Hotel de Roma sólo había ochenta cuartos con baño completo y aseos comunes, a excepción de algunas orientadas a la Gran Vía y a la calle del Clavel destinadas a los huéspedes más adinerados. Todas las dependencias del nuevo establecimiento estaban dotadas de calefacción central.

 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1915). Una habitación del Hotel de Roma.

De fachada elegante y sencilla, el piso principal de la construcción era el único que tenía balcones, rematados alternativamente por frontones curvos, y una gran balaustrada de piedra sobre ménsulas. La última altura del edificio fue adornada con una cornisa también apoyada en ménsulas, una de las escasas ornamentaciones iniciales que aún se conservan.

En la esquina de la Gran Vía con la calle del Clavel si situó un torreón con el nombre del hotel y el año 1915 escrito en números romanos; sobre él un pedestal con las siglas S.P.Q.R. coronado por la figura en bronce de la loba capitolina amamantando a Rómulo y Remo, cuya réplica ha regresado al edificio.

 

Fuente: memoriademadrid.es (1915). Torreón del Hotel de Roma con la loba capitolina, todos los rótulos y decoración original.

En el año 1948 el edificio pasó a convertirse en la sede del Banco Ibérico. La nueva actividad supuso la desaparición de toda la decoración hotelera, para adecuar el espacio a las oficinas. Sucesivas reformas harían que el edificio perdiese la mayoría de su ornamentación exterior: la antigua puerta de entrada por la Gran Vía con marquesina de cristal y forja, los remates curvos de sus balcones, los balaustres de piedra, inscripciones, y, por supuesto, la famosa loba capitolina que coronaba su templete.

Nunca se supo cual fue el destino final de aquella estatua. La que ha sido instalada en lo alto del edificio de la Gran Vía, número 18, es una copia exacta de la anterior, que continúa amamantando a Rómulo y Remo.




Fuentes:

hemerotecadigital.bne.es

mcu.es

memoriademadrid.es



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