BARES AMERICANOS DE LA GRAN VÍA.

La moda de los bares americanos llegó a Madrid a principios de los años veinte del siglo pasado. La elegante y moderna Gran Vía, aún sin terminar, acogería a muchos de estos negocios que hicieron cambiar por completo el concepto de los antiguos cafés como centro de reunión. Aquellos divanes rojos, los espejos en las paredes o las decoraciones recargadas de los viejos locales dedicados a las prolongadas tertulias modificarían su diseño, dando más importancia a los altos taburetes, las paredes pintadas en tonos claros y un mobiliario más funcional.


Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1936). Larga barra y altos taburetes eran el distintivo de los bares americanos.

Los primeros bares americanos instalados en Madrid, como el American Bar Pidoux, iban dirigidos a un público elegante y chic. Visitantes extranjeros o aquellos que se definían como gente bien y que no entendían o despreciaban los cafés de antaño, las tabernas o las cervecerías llenas de público, integraban la clientela de estos modernos lugares en los que se consumían refinadas bebidas alcohólicas y selectos cock-tails, servidos por barmans uniformados. Sus locales, siempre que el espacio lo permitiera, tenían varios ambientes repartidos en salones, pero en ellos no podía faltar la gran barra de bar con sus altos taburetes.
 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1932). Público elegante y barmans uniformados.

Durante los años treinta del siglo anterior, los bares americanos de pequeñas dimensiones incorporarían a su oferta las comidas rápidas. La Gran Vía y sus aledaños fueron zonas de emplazamiento para oficinas y comercios, con trabajadores y trabajadoras que precisaban de lugares para comer por poco precio y con rapidez, por lo que este tipo de bares vio un estupendo negocio en ofrecer además estos servicios a su clientela. Las altas banquetas de sus barras se poblaron de la generación de la velocidad que, tras ingerir el menú, las abandonaban a la mayor brevedad para regresar a sus ocupaciones.
 

Fuente: hemerotecadigital.bne.es (1936). Trabajadoras comiendo en la barra del Bar María Cristina, que estuvo situado en la calle Mayor.

En la avenida de Pi y Margall, como se llamaba por entonces el segundo tramo de la Gran Vía, fueron inaugurados dos de los bares americanos cuya efímera historia concluiría con el final de la Guerra Civil Española.
 
Situado en el hoy número 40 de la Gran Vía (antaño nº 18 de la avenida de Pi y Margall) vino a instalarse el Bar Broadway, en el mes de marzo de 1935. 

Propiedad de Isidro López Córdoba e hijo, el local tenía un amplio mostrador adornado con doradas franjas de colores en su exterior. Junto a él se encontraban las altas banquetas, propias de estos establecimientos, que como el resto de los asientos eran robustas y de fino trazado. Tras la barra, los encargados lucían blancas chaquetillas de doradas charreteras. 

Sus salones, con camareros vestidos de smoking, estaban decorados con un sobrio gusto moderno por el pintor Pablo Ramírez, que armonizó las pinturas esmaltadas con finos paneles de plata, mientras que toda la instalación del bar corrió a cargo de la entonces prestigiosa Casa Vázquez del Saz (fundada en el año 1892).

En el Broadway era posible tomar desde un café hasta una caña de cerveza, vermut, aperitivos y los más sofisticados cock-tails del momento. Cada una de sus mesas tenía la lista de precios correspondiente, para que el cliente siempre supiera el importe de cada consumición.
 

Fuente: Fotografía de la izquierda, hemerotecadigital.bne.es (1937). Fotografía de la derecha, M.R.Giménez (2018). La fachada del Bar Broadway, junto a la Joyería Barceló, durante la Guerra Civil Española. A la derecha la vista actual del lugar.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) el Bar Broadway, al igual que el resto de los negocios, mantuvo su actividad.

A principios de los años cuarenta el Bar Broadway sería reemplazado por la “Granja Frigo”, después “Granja Frigo Callao” y más tarde “Granja Callao”, una cafetería especializada en meriendas familiares que ya nada tenía que ver con un bar americano.



Fotografía de Juan Miguel Pando, fuente: mcu.es (1957). El local que ocupó el Bar Broadway fue más tarde la Granja Callao.

En la actualidad, y desde la década de los años ochenta, el local está ocupado por una conocida marca de comida rápida.

Otro de los bares inaugurados en la Gran Vía fue el Nautic-Bar, que abrió sus puertas el día 12 de septiembre de 1935 en la entonces avenida de Pi y Margall, número 16 (hoy Gran Vía, nº 38).

Decorado por el escultor Ángel Moya, el Nautic se anunciaba como el más elegante, lujoso y modernísimo establecimiento de esta clase, ofreciendo también conciertos de guitarra en sus salones. La barra del american bar de este negocio estaba situada en la zona del sótano.



Fuente: Fotografía de la izquierda, bdh-rd.bne.es (Guerra Civil Española). Fotografía de la derecha, M.R.Giménez (2018). Fachada del Nautic-Bar protegido contra los bombardeos. En su puerta el letrero dice "Hay café con azúcar". A la derecha la vista actual del local.

Su historia terminó a finales del año 1939 y el local que ocupó es hoy una tienda de artículos deportivos.





Fuentes:


bdh-rd.bne.es

hemerotecadigital.bne.es

mcu.es

Comentarios

  1. Me gustaría tener información y alguna fotografía si fuera posible sobre Bar-Cafe Apolo, estaba en Gran Vía frente al edificio de Telefónica, fue de mi abuelo en los años 30.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Tal vez te interese: